lunes, 9 de enero de 2017

La reconquista

Título original: La reconquista
Año: 2016
Duración:108 min.
País: España
Director: Jonás Trueba
Guión: Jonás Trueba
Fotografía: Santiago Racaj
Reparto: Itsaso Arana; Francesco carril, Aura Garrido, Candela Recio, Pablo Hoyos.
Sinopsis:
Adolescentes y enamorados, Manuela (Itsaso Arana) y Olmo (Francesco Carril) prometieron volver a encontrarse en el futuro quince años después. Se trata de una película sobre el tiempo; o sobre la conciencia del tiempo: del tiempo perdido y del recuperado; sobre lo que recordamos de nosotros mismos y lo que no; sobre las palabras, los gestos y los sentimientos a los que seguimos guardando fidelidad, porque nos definen y nos interpelan en el presente, el pasado y el futuro. (FILMAFFINITY)
 

jueves, 17 de diciembre de 2015

Los exiliados románticos

He visto la película dos veces casi seguidas (tampoco es un mérito, solo dura 70 minutos). Mi primera impresión al acabar el primer visionado es que se trata de  una película ligera, muy ligera.
Sí, hay citas eruditas y cinéfilas, pero están dichas con naturalidad, sin presunción. Es que los personajes-actores son así, viven en ese ambiente (hipster, puede decir alguien; yo más bien lo veo hippie rezagado o post-hippie), algunos desde la cuna como Jonás Trueba, y este sí que no da el perfil hipster.
Y siempre, a pesar del verano, de la juventud, de los viajes y los amores, los protagonistas (masculinos, los femeninos es otra cosa) se mueven en un ambiente de  desorientación y desconcierto, sin tomar decisiones, sin atreverse a salir de una vez de ese estado de pasmo y de melancolía en que se encuentran (en el que influye mucho el tono decaído de la música de Tulsa). Me decepcionó un poco.
La segunda vez que la vi, quizá porque no esperaba nada, me pareció una película agradable, amiga. Tanto más si se tienen treinta años. Aunque sean cuarenta. Y tantos...



miércoles, 2 de diciembre de 2015

Mis escenas de lucha

Más que Mis escenas de lucha, que también, yo creo que el título francés debería traducirse por  Mis sesiones de lucha  ya que la película presenta una serie de sesiones de psicoterapia interactiva en las que se sustituye el diván clásico por diversos rings improvisados de pressing catch en los que doctor y paciente (sea quien sea cada uno de ellos) intentan liberarse de sus problemas de identidad con empujones, llaves y golpes, hasta que se llega al combate definitivo que suponga la superación de de sus traumas para el que se selecciona un ring especial:  el barro. Ahí se podría acabar la película. O empezar otra.
El director no hace ni una cosa ni otra, solo alarga la película con otra sesión más de lucha terapéutica que ya no va a aportar nada nuevo, salvo aburrir al espectador, si no venía ya aburrido de antes. En la sesión a la que yo he ido algunas personas se salieron del cine, pero lo más llamativo es que se produjo un caso curioso de "salida", una "salida" a la inversa, es decir, quedándose en su butaca cuando acaba la película y todos nos vamos. El protagonista del caso se había quedado profundamente dormido y hubo que despertarle quince minutos después.  Y eso a pesar de la estética indudable de la lucha libre en las condiciones en que se plantea en la película.


jueves, 26 de noviembre de 2015

El rayo





Como la vida supera al arte y como cualquier persona por el hecho de serlo nos transmite más humanidad e interés que cualquier personaje artificiosamente creado, basta con sacar una cámara a la calle y ponerse a filmar. Seguro que se encuentra algo interesante. Y luego un buen montaje y ya está la película. No está mal como ejercicio, pero yo creo que para conseguir una buena película, o una película entretenida, o ambas cosas a la vez,  hace falta un guión, una historia, un director, unos intérpretes... y cuanto mejor sea cada uno de ellos, pues tanto mejor. De lo contrario tenemos El rayo y tantas películas parecidas que más podrían ser un programa de televisión de esos que ahora están de moda, Comando de actualidad, Fabricado en España o algo así. Eso sí, todo ello con muy buenas intenciones, buenos sentimientos ("hablando se entiende la gente", "todo el mundo es bueno"), tipos "entrañables"...Que está muy bien, pero una película debería ser otra cosa.

jueves, 19 de noviembre de 2015

Corn Island





Desde luego si uno tiene prisa por ver que pasen cosas, mejor que no vaya a ver esta película. Le resultará desesperadamente lenta, sin acción, que no pasa nada. Un muermo, vamos. Y es que la película es del género contemplativo minimalista, que a lo mejor es lo mismo, pero implica otra forma de verla . Desde luego, durante los dos primeros tercios no pasa demasiado, casi diríamos que vemos crecer si no la hierba, sí el maíz. Por no haber, no hay ni palabras. Apenas dos o tres frases en todo este tiempo. Pero esto puede ser una vitud cinematográfica: todo se dice con las imágenes (la isla, la niebla, el agua, la noche...) y con los movimientos de cámara (primeros planos, planos generales, travellings, picados y contrapicados...) suficientes no solo para contar una historia, sino para transmitir emociones. De tal forma que cuando llega el último tercio de la película y hay momentos de tensión dramática y hasta de suspense, nos sentimos implicados. Al final todo se precipita, pasa lo que tiene que pasar,  de un modo natural, pero implacable.
Y todo vuelve a comenzar, como decía el título de aquella película del coreano Kim Ki Duk, que ahora parece olvidado, Primavera, verano, otoño, invierno...primavera.

martes, 17 de noviembre de 2015

Clan salvaje





Clan salvaje es una película francesa sobre un grupo étnico que vive de lo que pilla. En esta ocasión, cuatro miembros del grupo van a robar un camión cargado de cobre. La película se titula en francés Mange tes mortes, algo así como una maldición entre los miembros del grupo. Y como subtítulo Et tu ne diras point.
Pues bien, Je ne dirais point.

domingo, 8 de noviembre de 2015

Qué difícil es ser un dios

Es como si el director se metiera con la cámara al hombro dentro de un cuadro de El Bosco y se pusiera a grabar. El cuadro está vivo y los estrambóticos personajes se amontonan, se mueven de un lado para otro, nos miran y nos dejan pasar, quizá porque vamos acompañando a un personaje -con un cierto aire a Michael Douglas- que parece ser el jefe. Oímos conversaciones, pero no estamos muy seguros de quién habla ni a quién se dirige. Y todo esto en un ambiente asfixiante de vísceras, excrementos, cieno... en el que todos parecen sentirse muy cómodos. Eso sí, imágenes magníficas en blanco y negro. Para colmo de males, cuando la vi,  yo estaba un poco cansado de la semana, así que a los cien minutos me salí para tomar unos vinos con los amigos que se habían salido diez minutos antes. Después volví al cine y aún pude ver las escenas finales: unos hombres a caballo abandonaban un pueblo en medio de un paisaje sombrío y helado. Me gustó. Lo mismo tengo que verla otra vez... y entera.